Vandalismo con serrucho en mano en Altea

Habían sobrevivido al verano más seco de los últimos 175 años, pero no al odio humano.

A veces nos preguntamos porqué nuestro país no ha tenido suerte con los que lo han gobernado. A lo mejor tendríamos que empezar a plantearnos que los que nos gobiernan, cuando roban, cuando malversan, cuando prevarican, no son más que el reflejo político de una parte de la ciudadanía embrutecida e incívica.

Resulta indignante intentar rehabilitar un paraje natural protegido, como es la desembocadura del Río Algar, y que la respuesta de algunos sea siempre la misma, el vandalismo, el odio, el hacer daño por hacer, porque sí, porque me da la gana.

En ese sentido, el concejal de medio ambiente, Miguel Ángel Capilla comentaba indignado que después de haber plantado más de seiscientos chopos en la ribera del Río Algar, seis meses después ha desaparecido casi una cuarta parte. La causa de su desaparición no ha sido la sequía, a la que habían sobrevivido a pesar de ser la más extrema en los últimos 175 años. Quién los ha matado ha sido uno o más desaprensivos que a lo largo de estos meses, cogen un serrucho, sí por increíble que parezca, un serrucho, y se desplazan a esa área natural para cortarlos. Los tres primeros árboles fueron cortados al día siguiente de haberlos plantado y así un incesante goteo hasta llegar a la pasada noche, donde se cortaron hasta 26 chopos de golpe. Por si eso no fuera suficiente, los montones de escombros vuelven a aparecer como hongos en cualquier rincón de nuestro río al que un coche pueda accede para dejar su deleznable carga.

Vandalismo en Río Algar

Si esto fuera un episodio aislado, estaríamos enojados, pero procederíamos a su reposición sin más. El problema es que el vandalismo con el mobiliario urbano y con la flora y fauna autóctona es demasiado frecuente y generalizado. Capilla explicaba que “arrancar manillares, luces y timbres así como destrozar sillines de las bicicletas públicas que son de todos, ha sido una constante. Hemos llegado a poner cientos de bicicletas nuevas un jueves y te desespera encontrarlas echas polvo al cabo de solo tres días”.

Entender que lo público es de todos, es el A, B, C de la democracia. Aprender a respetarlo, una evidencia. Lamentablemente como sociedad nos falta mucho para asimilarlo. “No se me ocurre otra manera de conseguirlo que invertir tiempo y esfuerzos en educación en valores con las nuevas generaciones” concluyo el concejal.

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